
Las 7 etapas para conocer tu sexualidad y disfrutar más del placer
Puedes llevar 10, 20 o 30 años teniendo relaciones sexuales y seguir sin conocer realmente tu sexualidad.
Porque tener experiencia sexual no implica necesariamente conocer el cuerpo, el placer ni el orgasmo.
Podemos repetir durante años las mismas prácticas, las mismas formas de tocar, las mismas posiciones y hasta los mismos errores. Y cómo funcionan más o menos, asumimos que eso es el sexo.
Pero hay muchísimo más que descubrir.
Después de más de 15 años de experiencia práctica trabajando con la sexualidad y observando cómo responden cuerpos muy diferentes, una de las cosas que tengo más claras es que nunca terminamos de aprender sobre el placer.
Yo misma sigo aprendiendo.
Por eso me gusta pensar en el conocimiento sexual como un proceso. No todos estamos en el mismo punto ni tenemos que avanzar de la misma manera.
Estas son las 7 etapas para conocer y desarrollar nuestra sexualidad.
1. Ignorancia sexual: no sé lo que no sé
Esta es probablemente la etapa más difícil de reconocer.
No sabemos algo, pero además no sabemos que no lo sabemos.
Pensamos:
“Yo ya sé lo que me gusta”
“Sé perfectamente cómo dar placer”
“Llevo toda la vida teniendo sexo”
“Nunca he tenido problemas”
Pero ¿Cuántas formas diferentes de placer conocemos realmente?
Muchas personas aprendieron a tener sexo simplemente practicándolo.
Nadie les enseñó a conocer su cuerpo.
Nadie les explicó cómo observar las respuestas de otra persona.
Nadie les enseñó que el ritmo, la presión, la continuidad, la excitación y la comunicación pueden cambiar por completo una experiencia.
Simplemente empezaron a tener relaciones y fueron repitiendo lo que les parecía funcionar.
Además, tenemos multitud de aprendizajes externos: parejas anteriores, pornografía, películas, conversaciones, prejuicios, expectativas sociales…
Y poco a poco construimos nuestra idea de cómo “debería” ser el sexo.
No saber no es ningún problema. Creer que ya lo sabemos todo puede impedirnos descubrir muchísimo más.
2. Descubrir todo lo que no sabemos
Para mí, aquí empieza lo interesante.
Es ese momento en el que descubres algo y piensas:
“¿Cómo puede ser que nadie me haya explicado esto antes?”
Empiezas a conocer mejor tu anatomía
Descubres zonas de tu cuerpo a las que nunca habías prestado atención
Compruebas que una pequeña variación en la forma de tocar puede producir sensaciones completamente diferentes
Entiendes que la excitación no siempre se manifiesta de la misma manera
Descubres que aquello que funciona perfectamente con una persona puede no funcionar con otra
Y empiezas a cuestionar algunas ideas que dabas por ciertas sobre penetración, orgasmo, deseo o placer
Aquí aparece algo fundamental para aprender sexualidad:
La curiosidad.
En lugar de pensar “esto se hace así”, empezamos a preguntarnos:
“¿Y qué pasa si pruebo de otra manera?”
3. Dejar atrás viejas formas de vivir la sexualidad
Cuando empezamos a conocernos aparecen cosas que quizá llevábamos años haciendo automáticamente.
Tal vez practicamos determinadas prácticas porque pensamos que forman parte obligatoria del sexo.
Tal vez fingimos determinadas reacciones.
Tal vez aceleramos porque creemos que tenemos que llegar rápidamente al orgasmo.
Tal vez estamos más pendientes de parecer buenos amantes que de sentir.
O quizá hemos aprendido una determinada forma de dar placer y la repetimos con todas las personas.
Crecer sexualmente también significa atrevernos a abandonar aquello que no nos funciona.
No tienes que hacer algo simplemente porque siempre lo has hecho.
No tienes que disfrutar de una práctica porque otras personas disfruten de ella.
Y tampoco necesitas convertir cada encuentro sexual en una demostración.
A veces aprender significa dejar de hacer.
4. Comprometerte con tu propio placer
Hay una frase que escucho muchísimo:
“Mi pareja no sabe hacerme llegar.”
Pero conocer nuestro placer no puede depender exclusivamente de que otra persona descubra cómo funciona nuestro cuerpo
Tenemos una responsabilidad respecto de nuestro propio placer
Eso significa explorar
Observar
Experimentar
Aprender a reconocer qué sensaciones nos gustan
Y después aprender algo que para mí es fundamental:
Comunicarlo
La otra persona no puede leer nuestra mente
Y cuando somos nosotros quienes damos placer ocurre exactamente lo mismo
No se trata de demostrar cuánto sabemos
Se trata de observar cómo responde esa persona en particular.
Preguntar
Escuchar
Adaptarnos
El buen sexo no aparece por arte de magia
También se aprende
5. La resistencia al cambio
Aprender cosas nuevas sobre nuestra sexualidad no siempre resulta cómodo
A veces descubrimos que llevamos años haciendo algo que realmente no nos gustaba demasiado
Que nunca habíamos pedido lo que necesitábamos
Que hemos fingido placer
Que hemos confundido la intensidad con la calidad
O que conocemos muchísimo mejor el cuerpo de nuestras parejas que el nuestro
Incluso podemos descubrir que algunas cosas que siempre habíamos considerado verdades sexuales eran simplemente ideas aprendidas
Y entonces aparece resistencia
“Siempre lo he hecho así”
“A mí esto no me hace falta”
“Yo ya sé”
Es comprensible
Cambiar nuestra manera de vivir la sexualidad también implica cuestionarnos
Pero muchas veces, justo detrás de esa incomodidad, hay algo nuevo por descubrir.
6. Pensar que ahora sabemos cómo deberían vivir los demás su sexualidad
Esta etapa me parece especialmente importante
Porque cuando descubrimos cosas nuevas podemos caer en otro error:
pensar que ahora sabemos cómo debería disfrutar todo el mundo
Y no
No existe una sexualidad perfecta
No existe una práctica que tenga que gustar a todo el mundo.
Lo que a ti te produce muchísimo placer puede dejarme completamente indiferente.
Lo que a mí me encanta puede no interesarte en absoluto.
Podemos aprender anatomía, técnicas, comunicación y formas de estimular.
Pero nunca debemos olvidar que delante tenemos a una persona, no un manual de instrucciones.
Por eso, aprender sobre la sexualidad también significa aprender a respetar diferencias, preferencias y límites.
Siempre desde el consentimiento y el respeto.
7. Autonomía sexual: conocer tu placer sin dejar de aprender
Para mí, esta es una de las formas más interesantes de madurez sexual.
Conoces mejor tu cuerpo.
Sabes reconocer qué te produce placer.
Puedes comunicarlo.
Puedes decir que sí.
Puedes decir que no.
Puedes escuchar a otra persona.
No necesitas fingir.
No necesitas demostrar que eres increíble en la cama.
Y tampoco necesitas compararte constantemente.
Participas activamente en tu experiencia sexual en lugar de esperar simplemente que otra persona consiga proporcionártela.
Pero autonomía sexual no significa:
“Ya sé de sexo.”
Precisamente significa casi lo contrario.
Significa entender que nunca terminamos de aprender.
Tu sexualidad también cambia
El cuerpo que tienes hoy no es exactamente el mismo que tenías hace diez años.
Y probablemente tampoco responderá exactamente igual dentro de otros diez.
Cambian nuestros cuerpos.
Cambian nuestras circunstancias.
Cambian nuestras parejas.
Cambian nuestros deseos.
Y también cambia nuestra manera de sentir el placer.
Por eso conocer nuestra sexualidad no consiste en llegar a un punto final.
Consiste en mantener la curiosidad.
Seguir observando.
Seguir preguntando.
Seguir experimentando.
Y, sobre todo, seguir escuchando nuestro cuerpo.
Después de todos estos años trabajando alrededor de la sexualidad, sigo encontrándome con cosas que me sorprenden.
Y espero que siga siendo así.
Porque probablemente una de las mejores frases que podemos pronunciar cuando hablamos de sexualidad sea:
“Esto no lo sabía. Quiero aprender más.”
¿En qué etapa estás tú?
No hace falta que encajes perfectamente en una de ellas. Puedes encontrarte en varias al mismo tiempo dependiendo del aspecto de tu sexualidad del que estemos hablando.
Lo importante no es llegar cuanto antes a la etapa siete.
Lo importante es conservar la curiosidad.
Porque tu cuerpo puede enseñarte muchísimo cuando empiezas realmente a prestarle atención.
Tu cuerpo es tu mejor maestro, Escúchalo.
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